jueves, octubre 13, 2016

El multimillonario que cree que puede vencer a la muerte

Isaías 43: 18_21 

18 No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas.

19 He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.
20 Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido.
21 Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará.

Abilio Diniz puede correr hacia atrás. En una cinta. En la oscuridad. A los 77 años. No odien a este magnate brasileño. Quiere que todos hagan lo que él puede hacer cuando también estén cerca de los 80: boxear, jugar squash, levantar pesas y hasta procrear: tiene una hija de 7 años y un hijo de 3 con su segunda esposa, Geyze, que tiene 41 años y es más joven que los cuatro hijos de su primer matrimonio.

Diniz escribió sus secretos en un libro que lleva el sucinto título de “Smart Choices for a Successful Life" (Decisiones inteligentes para una vida exitosa). Es un 'best seller' en Brasil donde Diniz vive y ha amasado su fortuna -unos 3.500 millones de dólares, según el Índice de Multimillonarios de Bloomberg- convirtiendo una cadena de supermercados en el mayor minorista del país.

A diferencia de otros multimillonarios que se lanzaron a comer 'foie gras' y profiteroles -o, en el caso de Warren Buffett, a beber cinco Cherry Cokes por día-, Diniz ha puesto a punto una fórmula de vida que, según dice, puede vencer a la muerte.

“Tengo que creer que soy eterno”, dice en una entrevista en su mansión modernista del arbolado barrio de Jardins en Sao Paulo. “Aun cuando haya algún deterioro físico -un poco menos de fuerza, un poco menos de tono muscular-, gano mucho más en experiencia. Tengo la sabiduría de la edad sin los problemas del envejecimiento”.

Diniz tiene un método de seis puntos que es fácil de entender pero más difícil de poner en práctica, en particular cuando las décadas se van acumulando: realizar una sesión diaria de ejercicio vigoroso, quemar más calorías de las que se consumen, limitar despiadadamente los compromisos, estudiar la propia psiquis, rezar a Dios y, sobre todo, no perder la pasión.

“Amé intensamente a las mujeres de mi vida”, dice. “A cada una en su momento”, aclara.

ANHELO DE TIEMPO

Cuando uno ya tiene todo el dinero del mundo, lo único que anhela es eso: tiempo. Los ricos usan su dinero para luchar contra la muerte desde hace décadas. En los años 20, los hombres de fortuna iban al sur de Francia para que les injertara testículos de mono en el escroto. El responsable era Serge Voronoff, cirujano nacido en Rusia que aseguraba que el procedimiento demoraba el envejecimiento y agudizaba la mente.

Mao Zedong mantenía relaciones sexuales con cientos de mujeres jóvenes, basándose en la creencia taoísta de que copular con vírgenes prolongaba la vida.

En la actual edad de oro, los multimillonarios apuestan a la ciencia. Larry Ellison, fundador de la empresa de software Oracle Corp. y el octavo hombre más rico del mundo, según el Índice de Multimillonarios, financia la Ellison Medical Foundation para estudiar la longevidad. La fundación promueve la investigación de los telómeros, estructuras situadas en los extremos de los cromosomas que se han relacionado con el ritmo del envejecimiento.

La principal razón para aceptar el enfoque particular de Diniz es él mismo. No sólo es esbelto y saludable sino también musculoso. Sus brazos son de acero. Tiene los abdominales marcados como una tabla de lavar. Y hoy se ejercita con tanta intensidad como siempre.

Si bien sigue siendo el presidente de la cadena de supermercados Pão de Açúcar, el año pasado compró una participación en BRF SA, el mayor productor de alimentos de Brasil; fue designado presidente en abril y, en agosto nombró a un nuevo máximo responsable ejecutivo para impulsar el crecimiento.

Para poner en perspectiva los recientes logros de Diniz, hay que tener en cuenta que Sam Walton, otro multimillonario del sector de los comestibles, murió a los 74 años -con sólo un año más que Diniz cuando engendró a su segundo hijo con Geyze-.

Como muchos otros aspirantes a gurús, Diniz habla de la importancia de la paz interior. Católico devoto, a menudo concilia a Oriente con Occidente, meditando ante una imagen de la Virgen María, por ejemplo, en una pequeña capilla ubicada detrás de dos piscinas de su jardín sembrado de palmeras.

BUSCAR PELEA

Pero Diniz no es ningún Dalai Lama. Acabó rico pero no buscando la paz sino la pelea. Sacó a cuatro de sus cinco hermanos del imperio de supermercados, anteponiendo el negocio a la familia. La madre le retiró la palabra durante años, cuenta Diniz. En aquella época, discutía en los partidos de polo y era un conductor agresivo y colérico.

“Era sumamente capaz de ponerme violento con las personas que me irritaban cuando manejaba”, escribe en su libro. “Solía decirles a mis amigos que nunca ponía la luz de giro para indicar hacia qué lado doblaría porque no tenía obligación de decirle a nadie a dónde iba”.

Diniz asegura que ha dulcificado su carácter desde entonces. Sin embargo, los golpes siguen siendo una gran parte de su rutina. Dos mañanas por semana, cuando el murmullo del tránsito incipiente se mezcla con el canto de las aves subtropicales, Diniz boxea en su gimnasio privado, sumando sus duros puñetazos a la banda sonido de la ciudad.

“Abilio nunca está satisfecho”, afirma su 'sparring' e instructor, Irineu Loturco, cuyo otro trabajo es el de director de un centro de entrenamiento olímpico. “Siempre busca cosas nuevas”.

Diniz hace dos horas de ejercicio por día, algo menos que su exigente régimen anterior de cinco horas en tres sesiones diarias -aunque Loturco insiste en que modificaron la rutina de Diniz basándose en los últimos datos de la ciencia, no en su edad.

La piedra angular de la rutina de Diniz es el ejercicio cardiovascular vigoroso. Correr hacia atrás en la oscuridad favorece la coordinación y la propiocepción, el sentido de dónde están su tronco y sus miembros en el espacio.

“Abilio se ejercita con la intensidad de un hombre de 40 años”, señala Loturco. “Nunca lo vi perder el tiempo”.

Cuando uno se acerca a la novena década, la determinación tiene sus límites. Para combatir la pérdida muscular que sobreviene con la edad, Diniz levanta pesas de tamaño moderado a alta velocidad y después agrega cargas mayores. Perder músculo con la edad es algo que evidentemente lo asusta.

DINERO Y PODER

Para el estrés, Diniz tiene un consejo práctico que casi todos pueden seguir: fijarse prioridades y darse tiempo entre una cita y otra. Delegar, dice, y no prolongar las llamadas telefónicas. Aprender a decir que no a los compromisos superfluos.

Aunque al oírlo parece simple, Diniz reconoce que, para reorganizar la propia vida “el dinero y el poder obviamente son muy útiles”.

El autoconocimiento también puede ser caro. Diniz dice que inició una terapia freudiana a los 29 años. El costo de su análisis supera los ingresos de toda la vida de la mayoría de los brasileños.

Josué 1:9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.


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