domingo, octubre 02, 2016

La envidia no mata pero mortifica al envidioso

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El Texto Sagrado en el libro de Proverbios, capítulo 14, versículo 30, indica: “El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos”. La envidia es un pecado despreciable. Es mirar con mala voluntad a otra persona.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la define como “Tristeza o pesar por el bien ajeno; sentimiento de animadversión contra el que posee una cosa que nosotros no poseemos”.

La envidia impide que las personas aprecien y disfruten de lo que tienen, trae infelicidad, nos empequeñece, nos impide rendir honor al que sobresale y aplaudir al ganador, nos hace ser antipáticos.

Por la envidia José fue vendido como esclavo por sus hermsanos: Israel amaba a José más que a todos sus hijos, por haberle engendrado en la vejez, y le hizo una túnica larga con mangas. Al ver, pues, sus hermanos que el padre le amaba más que a todos sus hijos, le odiaban, y no podían hablarle sin odio.  Un día les contó un sueño que había tenido: Estaban en el campo atando haces de trigo y el suyo se mantenía derecho mientras los haces de sus hermanos se inclinaban rodeándolo para adorarlo.  En otro sueño, les contó que el Sol, la Luna y las estrellas también lo adoraban. Jacob le reprendió por contar estos sueños y, como temía, la envidia de sus hermanos se convirtió en odio.


 Moisés, quien tuvo que pasar de ser el sobrino amado de Faraón, a pasar 40 años desterrado en el desierto para que en él se cumpliera el plan de liberación del pueblo de Israel de la esclavitud, Moisés había nacido para ser el instrumento de su liberación.

José, Moisés y muchos otros tenían algo en común….habían decidido depender de Dios, tenían una relación de amor y obediencia al Señor y sabían quién era el Todopoderoso, y es que cuando Dios tiene un plan para nosotros…nada lo detiene!

La envidia destruye. Los envidiosos se sienten desdichados, inferiores, aburridos, sienten celos, rencor, rabia, sufrimiento, desazón, disgusto y resentimiento. Este sentimiento aniquila el crecimiento personal, crea obstáculos a la felicidad de los demás y trata de destruir el mérito y la gloria. De la envidia brota la codicia. “No codiciaras” dice la Biblia en el libro de Éxodo 20: 17.

“La Biblia tiene mucho que decir sobre el pecado de la envidia. Está clasificada en las compañías impías de la injusticia, de la fornicación, la perversidad, la avaricia, el homicidio, la contienda, el engaño, la detracción, el odio a Dios, la desobediencia y la mentira. (Romanos 1:29-30)”.

La envidia se manifiesta a todos los niveles, sin importar la clase social u organizaciones: en el ámbito familiar, empresarial, militar, profesional, laboral, político, religioso, pastoral en fin, en cualquier espacio de competencia y de reunión de un colectivo, sobre todo, si se tiene talento.

Distintas figuras de trascendencia mundial se han expresado a cerca de la envidia:

Para Napoleón Bonaparte “la envidia es una declaración de inferioridad”; Francisco de Quevedo, escritor español, expresó “la envidia es flaca y amarilla porque muerde y no come”; Víctor Hugo, novelista francés, definió al envidioso como “un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta”; Miguel de Unamuno, filósofo y escritor español define la envidia como el hambre espiritual, y Leonardo Da Vinci, pintor y escultor italiano, lo dijo de manera elocuente: “en cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia, y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia”; el colombiano Antonio José Nariño, político y militar y uno de los precursores de la emancipación de las colonias americanas del Imperio español, escribió: “Al principio del reino de Tiberio Ö la complacencia, la adulación, la bajeza, la infamia, se hicieron artes necesarias a todos los que quisieron agradar Ö desde la hora en que triunfa el hombre atrevido, desvergonzado, intrigante, adulador, el reino Tiberio empieza y el de la libertad acaba...”.

Y es que el envidioso vive perturbado y amargado, no obstante, si envidian tus éxitos y tus logros porque eres brillante, no dejes de brillar. No permitas que te lastimen ni que te hieran, sigue trabajando aunque tu luz moleste a los demás. Siempre habrá alguien que te apoye. Tu legado permanecerá. Tu recuerdo quedará no importa lo que pase o lo que digan.

Cuenta la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día y ella no desistía, dos días y nada. En el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente:

--¿Puedo hacerte tres preguntas?

--No acostumbro dar este precedente a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar.

--¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

--No.

--¿Yo te hice algún mal?

--No.

--Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?

--Porque no soporto verte brillar.

Con frecuencia nuestras acciones y comportamientos provocan la envidia de los demás, sobre todo si hacemos las cosas de manera correcta y eficiente. Alguien tratará de buscar el lado negativo, no importa lo beneficiosas que sean tus actuaciones. Por lo general uno termina diciendo: ¿Por qué me reprochan y me cuestionan si lo único que hago es hacer las cosas bien sin dañar a nadie? La respuesta es sencilla: no soportan verte billar, como dice la leyenda. Piensa que los envidiosos nunca dejarán de ironizar sobre tu orgullo, sobre tu soberbia, pero al final es imposible tapar el sol con una sombrilla, el resplandor y la luz permanecerán y seguirás brillando.

La mejor manera de superar este sentimiento, es asumiendo lo que expresa un fragmento de la canción Desiderata: “Siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú”. Todos somos maestros y podemos enseñar y aprender de los demás. En lugar de criticar lo que otros hacen, poseen o disfrutan, es mejor aprender cómo lo hacen y cómo lo han logrado.

Enrique Nieto, escritor español, cuenta que “tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian, cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia, cuando tu pastor cambia. Tu vida cambia, cuando tú cambias, eres el único responsable por ella. Examínate y no te dejes vencer.”

Imagina que un día un grupo de empleados de una empresa lleguen a su trabajo a la hora acostumbrada y se encuentren en la puerta de la empresa con un letrero que diga: Ayer falleció la persona que impedía tu crecimiento en la empresa. En el patio central está el cadáver. Todos los empleados deben participar del funeral. En principio todos estaban tristes por el fallecimiento de su compañero. Sin embargo, todos estaban curiosos por saber quién impedía su crecimiento. El interés mostrado por cada empleado por ver la cara del verdugo originó en tumulto, que hizo necesario la intervención de la seguridad para poner el orden. Todos se preguntaban: ¿Quién será el que estaba impidiendo mi progreso? ¡Qué bueno que murió! Cuando pasaban frente al ataúd, miraban y se quedaban estupefactos, en el más absoluto silencio. Dentro del ataúd había un espejo, cada uno se veía a sí mismo y leían un texto que decía: Todo ser humano posee virtudes, dones, talentos y cualidades que puede potencializar y ponerlas al servicio de causas nobles y de metas alcanzables. Solo tú puedes limitar tu crecimiento, perjudicar tu vida y ayudarte a ti mismo.

Nieto lo expresa con la siguiente metáfora: “El mundo es como un espejo, que devuelve a cada persona, el reflejo de sus propios pensamientos. La manera como tú encaras la vida es lo que hace la diferencia”

La felicidad se logra, no cuando haces lo que quieres sino cuando quieres lo que haces. El éxito dependerá de asumir un fracaso como un capítulo en tu vida y una lección para aprender y seguir avanzando. El desafío es convertir la adversidad en oportunidad. Para lograrlo tus pensamientos deben ser positivos para que se conviertan en palabras, en acciones, en hábitos, en valores que guíen tu destino.

Salmo 37:1 “No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen maldad”
* “Demasiados cristianos envidian el placer de los pecadores y el gozo de los santos, porque no tienen ni lo uno ni lo otro” (Martín Lutero)

No envidies al que brilla. Imítalo. Trabaja y tendrás éxito.

5 comentarios:

  1. Así es...No envidies al que brilla. Imítalo. Trabaja y tendrás éxito.

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  2. Francisco de Quevedo, escritor español, expresó “la envidia es flaca y amarilla porque muerde y no come”

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  3. Hola Juan quiero dejarte mi más sincera felicitación, tienes una muy buena página me atrevo a decir que es la mejor que he leído en más de tres años que llevo aprendiendo sobre trabajar en Internet, y sabes porque es la mejor, combinas perfectamente la enseñanza financiera sin ningún propósito lucrativo y a la ves enseñas crecimiento Espiritual, dando la mejor sabiduría que existe la que nos regala Dios, estoy seguro que eres un hombre muy bendecido no solo en lo financiero sino en todos los aspectos de tu vida se nota que tienes claro que el amor al dinero es raíz de todos los males., sé que Dios te quiere usar no solamente para predicar su palabra, sino enseñar sobre como el pueblo de Dios puede alcanzar ese sueño financiero, ojo sin tener avaricia que es lo que impide el éxito de muchos creyentes, eres un ejemplo a seguir gracias por tu tiempo y esfuerzo, y que nuestro señor guarde tu entrada y tu salida y la de toda tu familia.

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  4. Muchas veces nos preguntamos ¿Pero Dios mío y qué es lo que pasa conmigo, mientras más clamo más difícil se pone el asunto? ¡Tal pareciera que no me oyes! Eso es lo que el enemigo de las vidas quiere sellar en nosotros, pero no es así, el Señor tiene un plan para cada uno de sus hijos y sabe a la perfección qué tenemos en nuestro corazón, conoce nuestra necesidad y lo que somos capaces de dar y hacer, ahora bien, es necesario entender y dar el paso de fe para ser sus hijos.

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  5. En la porción del Salmo 139:16, el salmista David expresó ¨Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas¨, Dios nos conoce al detalle, el problema estriba en que queremos situar a Dios bajo nuestros parámetros y se nos hace cuesta arriba entender que sus pensamientos no son nuestros pensamientos y que El decreta en el cielo y ejecuta aquí en la tierra, pero esto es imposible asimilarlo sin fe.

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