lunes, octubre 17, 2016

¿Cisne negro a la vista?

La teoría del cisne negro introducida por Nassim Taleb (ensayista y financiero libanés) en un libro del 2007 apuntaba a la irrupción de eventos extraordinarios e inesperados que impactan directamente en el mundo modificando el curso de los acontecimientos; eventos atípicos y extremos que a lo largo de la historia han cambiado dramáticamente las experiencias vividas, una rareza como un cisne negro que es excepcional en el conjunto de cisnes blancos.     

    
       El enfoque del autor se direccionaba a los conflictos financieros en particular y su difusión se debió a que fue expuesto antes de la crisis económico-financiera del 2008.
Aquella teoría, beneficiada en su divulgación pública por la crisis posterior, es habitualmente utilizada en los mercados financieros globales para referirse a situaciones particulares que modifican abruptamente los mercados: la quiebra de una empresa, la caída del precio mundial de un producto o la guerra en un país, entre otras.

Sin embargo, algunos analistas hablan en estos días de un posible "evento de cisne negro" para referirse a la abrupta volatilidad de los mercados financieros, especialmente en Wall Street. Se habla como desencadenantes de la crisis de Ucrania, del ébola, de los nuevos terroristas del EI, de la recesión en Europa, etcétera.

La divulgación de un estudio de James Hamilton, profesor de la Universidad de San Diego, California, del 2013 concluye que la deuda pública de Estados Unidos asciende a 70 billones de dólares, cantidad casi seis veces superior a la declarada. El análisis de la deuda se enfoca en una perspectiva que computa la totalidad de las obligaciones asumidas por los rescates a las entidades financieras durante los últimos años, garantías por préstamos incobrables, compra de activos tóxicos, intereses devengados, etcétera. Solamente por intereses, el presupuesto anual del país superará en los próximos seis años los gastos de defensa.
Simultáneamente, la Reserva Federal (el banco central privado de Estados Unidos) viene anunciando desde hace meses que aumentará la tasa de interés dado que la economía evidencia mejoras, cuando en realidad el crecimiento en los últimos cinco años no supera el 2% anual, a pesar del continuo bombeo de emisión monetaria que a las claras no se ha dirigido a la economía real.

La debilidad de la inversión, los salarios por debajo de los niveles precrisis, el verdadero porcentaje de desocupación que se debate intensamente en Estados Unidos y la debilidad de la economía mundial ponen en peligro la idea de cesar la emisión monetaria con la que se intenta reactivar la economía del país. Por otro lado, son clarísimos los riegos que entraña la emisión, combustible esencial de la economía de la globalización: a falta de inversión y consumo, se avanza en la continuidad del crecimiento ilimitado de los activos financieros sin respaldo. Y es que la caída del PBI que se evidencia en los países occidentales y la caída a casi cero de las tasas de interés para el dólar y el euro muestran el riesgo de un evento adverso que haga inmanejable la próxima crisis.

Estas condiciones de tasas a casi el 0% (llamados "estímulos" en los medios especializados) generan en la economía de la globalización las llamadas operaciones financieras de "carry trade", por las cuales los inversores se endeudan a tasas más bajas en los mercados internacionales y luego invierten en activos financieros de Estados Unidos, empujando hacia arriba el valor del dólar, generando burbujas de precio y afectando las exportaciones estadounidenses. La volatilidad de los mercados financieros se hace presente cada semana y algunos vemos cómo en forma inexplicable se informa en los medios de prensa el porqué de la suba o baja en Wall Street (volvemos: el ébola, el empleo, las guerras...), repitiendo los reportes de las agencias globales de noticias propiedad de los grupos financieros. ¿Qué pasará dentro de poco, cuando la Reserva Federal deje de emitir dólares para alimentar la gran burbuja especulativa?

La gran preocupación que acecha al sistema financiero -lo cual en varias oportunidades hemos reseñado en estas páginas- es la exposición a los instrumentos derivados (créditos instrumentados mediante sistemas informáticos sin respaldo físico alguno), en tanto los cinco principales bancos de Estados Unidos (protegidos y rescatados por el Estado durante los últimos años) poseen en sus carteras aproximadamente 40 billones de dólares de derivados cada uno (informe del economista Michael Synder de septiembre del corriente). Estos bancos detentan casi el 45% de todos los prestamos del país y han crecido sensiblemente luego de la crisis mediante las ayudas estatales.

Es tan preocupante la situación que el gobernador de California, Jerry Brown, ha propuesto una reforma constitucional para incorporar los excedentes presupuestarios a un fondo de emergencia para atender las situaciones de crisis, preparándose para lo que considera una recesión inevitable.
Lo cierto es que los procesos políticos y económicos en marcha son el resultado de un sistema de acumulación de capital que ha fracasado y que en su caída arrastra tragedias diversas para la humanidad. Se trata de una cuestión un poco más profunda y vasta que un vistoso cisne negro entre la multitud. 

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