miércoles, noviembre 02, 2016

La suerte de ser rico, los pobre la desean




Ser rico es tener mucho dinero, aunque como dijera un compositor de aquellos tiempos “El dinero no es la vida, aunque a veces lo parezca”. Pues sí, es cierto, el dinero no es la solución de todo pero ¡cómo ayuda!

De todas maneras “Los ricos también lloran” como se titula una famosa tele novela, queriendo decir que el tener dinero no te asegura que te vas a salvar de todo sufrimiento.

Lo rico también es lo sabroso, por eso alguien presume de que “aquí en mi casa se come muy rico” y además cuando comes estás ricamente sentado como si fueras el hombre más rico del mundo.

¿Qué se sentirá ser el hombre más rico del mundo? ¿Se sentirá rico, rico, como cuando te rascas la espalda con una manita de madera? Yo creo que ser el hombre más rico del mundo trae demasiadas complicaciones, así que mejor no le entro (como si me lo estuvieran ofreciendo).

Algunos políticos entran a desempeñar su puesto y al poco tiempo ya son inmensamente ricos, y viven en la colonia de ricos que en casi todas las ciudades hay por lo menos una.

Del otro lado están los pobres, los que no tienen ni lo más necesario para subsistir, aunque hay algunos pobres de dinero pero muy ricos en sentimientos, en el amor de sus hijos y en general en buenas acciones.

Es muy diferente decir pobre hombre que hombre pobre. El pobre hombre generalmente denota compasión por una persona que está pasando por una situación difícil aunque no sea necesariamente económica, lo que sí se aplica por lo general cuando hablamos de un hombre pobre, que es el que no tiene “ni en qué caerse muerto”.

No hay que confundir pobre con humilde. Pobre es lo contrario de rico –como ya vimos- y humilde es lo contrario de orgulloso o pedante. Hay gente muy pobre de recursos económicos pero que no pierden su dignidad.

En casi todas las familias hay “los parientes pobres” y tal vez ellos digan que sí, son pobres pero honrados, porque ya ve usted que mucha gente confunde a un pobre con un ladrón.

Estar pobre es estar “en la quinta chilla” que viene siendo como “andar con la M.R. (con la madre en rastra)” o “arrastrando la cobija” para que no se oiga tan feo.

Al final del día (como se dice ahora) lo importante no es ambicionar grandes riquezas. Simplemente trabajar con ahinco y perseverancia para tener por lo menos lo más necesario para vivir con decoro.

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