domingo, noviembre 13, 2016

Marigny de Grilleau: Matemático que logro descifrar el Azar

Desde tiempos inmemoriales el hombre ha intentado descifrar al azar.
 Si el destino estaba escrito en los dados ¿por qué no leerlo con antelación? Y sino está escrito, ¿podríamos con nuestro libre albedrío influenciarlo a nuestro favor? Cuando además hay una motivación económica de por medio, este intento cobra más interés: tener el azar de nuestra parte en un juego de apuestas puede suponer la diferencia entre enriquecerse o seguir siendo pronto, entre una vida de lujo y la miseria.

 Son muchos los que dedicaron años de su vida para tratar de “ganarle” al casino, estudiando todo lo que es posible que surja de una ruleta, pero hasta hoy, la banca sigue ganando.

A comienzos de la década de 1920, el juego de ruleta tenía cautivos a numerosos apostadores que pretendían encontrar un método para ganar, desafiando a las leyes del azar. Numerosas estadísticas de analistas y matemáticos que se dedicaban a investigar minuciosamente las probabilidades de los juegos de azar y los fenómenos que se producían se hicieron públicos, especialmente aquellos que estudiaban el juego de la ruleta. 
 El matemático francés Marigny de Grilleau se ocupó de anotar todas las bolas que salían en una mesa de ruleta del casino de Monte Carlo, al que asistía todos los días. Lo hizo durante 5 años. Llegaba cuando abrían la sala de juego y se quedaba hasta la última bola de la noche. Lo curioso es que nunca se tentó para apostar al menos una ficha. Grilleau se dedicaba a anotar los números que salían.

 Su actividad intrigaba tanto a los trabajadores del casino que uno de ellos le confesó que le parecía extraordinaria su paciencia y dedicación a anotar todas las bolas que se jugaban durante toda la jornada. Muy compenetrado en su análisis, Grilleau le respondió que si uno mismo no tomaba sus propias anotaciones, era imposible llegar a las estadísticas más exactas. 

El científico le confesó que hacía años que intentaba comprender con claridad los fenómenos que producía el azar y las leyes que lo gobernaban. El empleado del casino, con el afán de saber más, le preguntó si él podría ratificar que sus estadísticas eran fidedignas, y Grilleau le contestó que en todas sus estadísticas había observado distintas maneras que se presentaban de una forma desordenada, pero que enseguida se daba cuenta de que había determinados equilibrios y desequilibrios con el correr de las bolas que iban saliendo, y que al final siempre se retornaba al equilibrio, y eso era una constante en todas sus investigaciones. 
 Con algo de ironía, el empleado de la casa de juego le aseguró que él no había podido tomar todas las bolas que habían salido en las mesas, ya que los crupiers que se iniciaban, para practicar todos los días cuando el casino estaba cerrado al público, tiraban muchas bolas. El científico titubeó por un momento y luego dejó la sala pensativo, ya que el hombre con su comentario le confirmó que el equilibrio existía en el azar.

 Grilleau sólo disponía de parte de la generalidad de los números lanzados por una ruleta, pero a la vez era un universo en sí mismo, pequeño y completo. Si analizamos 1.000 bolas de una ruleta y pasamos a investigar los fenómenos que se producen en las salidas, notaremos algunas leyes que se cumplen.
 Lo mismo pasaría si tomamos 100.000 bolas, siendo que las proporciones serán mucho mayores. 

Desde el estudio de las permanencias parte cualquier sistema o método al que se han dedicado todos los jugadores “sistemistas” científicos. Aunque se tiene en cuenta que no puede considerarse como “sistemista” quien disponga de un método que no haya sido examinado con resultados positivos, en permanencias diversas y por lo menos de 15.000 bolas. 

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