domingo, noviembre 06, 2016

Jugando con fuego ¿Cómo un operador de Goldman Sachs ganó más de 100 millones de dólares?

En apenas unos meses, el director de bonos de alto rendimiento de Goldman Sachs se ha hecho con 100 millones a base de comprar bonos a empresas con baja calificación

Foto: Un 'trader' negocia en el parqué neoyorquino el pasado 16 de septiembre. (Efe/Justin Lane)
Un 'trader' negocia en el parqué neoyorquino el pasado 16 de septiembre. (Efe/Justin Lane)

Un operador de Goldman Sachs ganó más de 100 millones de dólares para la empresa mediante la venta de bonos basuras a principios de este año, un resultado inusual en un momento en el que las nuevas regulaciones de Wall Street han llevado a asumir menos riesgos. Este operador es Tom Malafronte, un director gerente del departamento de bonos de alto rendimiento del banco en Nueva York, que desde enero compró miles de millones de dólares en bonos corporativos de alto riesgo y después los vendió, mientras los precios se recuperaban.

Lea más en https://es-ar.insider.pro/investment/2016-10-20/como-un-operador-de-goldman-sachs-gano-mas-de-100-millones-de-dolares/
Un operador de Goldman Sachs ganó más de 100 millones de dólares para la empresa mediante la venta de bonos basuras a principios de este año, un resultado inusual en un momento en el que las nuevas regulaciones de Wall Street han llevado a asumir menos riesgos. Este operador es Tom Malafronte, un director gerente del departamento de bonos de alto rendimiento del banco en Nueva York, que desde enero compró miles de millones de dólares en bonos corporativos de alto riesgo y después los vendió, mientras los precios se recuperaban.

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Hasta hace apenas unos días, el nombre de Tom Malafronte no le sonaba a casi nadie. Sin embargo, de la noche a la mañana se ha convertido en la comidilla del parqué neoyorquino, después de que un reportaje de 'The Wall Street Journal' desvelase que el joven director de bonos de alto rendimiento de Goldman Sachs, de apenas 34 años, ha ganado entre enero y junio de este año alrededor de 100 millones de dólares.

¿Cómo? A través de la compra y la venta de deuda corporativa basura. Un camino hacia el rápido enriquecimiento que ha provocado que muchos recuerden tiempos pasados y no tan lejanos, en los que el mercado estalló a base de jugar con fuego (léase productos de alto riesgo). Como recuerda el reportaje que 'Business Insider' ha dedicado al 'trader', “el hecho de que una persona gane 100 millones en un período de tiempo muy corto recuerda a los malos tiempos (o buenos, dependiendo de dónde estuvieses) en los que los 'traders' realizaban fuertes apuestas con el dinero del banco”.
Malafronte compró las acciones de los clientes ansiosos para “venderlos y finalmente reunir a otros inversores que los comprasen a un precio más alto”

En teoría, ya no es posible que algo así ocurra. A lo largo de los últimos años, las autoridades estadounidenses han puesto en marcha diferentes medidas –y los bancos han tomado las suyas propias– para evitar que los 'traders' se jugasen grandes cantidades de dinero que, aunque pudiesen propiciar importantes ganancias, también conllevaban un riesgo altísimo. Una de ellas es, por ejemplo, la regla Vockler, que intenta evitar que los bancos estadounidenses realicen inversiones peligrosas para el sistema y perjudiquen a sus clientes. Además, Goldman Sachs ha hecho descender su valor en riesgo diario, un valor límite para la cantidad de dinero que un inversor puede perder en un día.

¿Qué ha pasado entonces?

Hagamos recuento de los acontecimientos, tal y como los expone el medio estadounidense. Malafronte fue contratado por Goldman en el año 2013, después de trabajar para Credit Suisse y Mountain Capital Management (y jugar para el equipo de béisbol de la Universidad de Rutgers, pero ese es otro tema). Su especialidad es la compraventa de bonos de compañías cuya calificación acaba de variar. En otras palabras, adquiere acciones “basura” (o de alto rendimiento) que se han depreciado al ver cómo su 'rating' descendía para venderlas en el medio plazo.

(Efe/Andrew Gombert)
(Efe/Andrew Gombert)
Aquí es donde entra Malafronte, un jugador “tremendamente arriesgado” en palabras de su antiguo compañero Jeff Bahl. El inversor es uno de esos 'traders' capaces de moverse en mercados muy provechosos pero opacos, y eso es lo que ha estado haciendo durante los primeros meses del año. Como explica el 'WSJ', Malafronte compró las acciones de los clientes ansiosos para “venderlos y finalmente reunir a otros inversores que los comprasen a un precio más alto”. En concreto, de compañías mineras como Freeport-McMoRan o Teck Resources, pero también de Toys 'R' Us, Gymboree o Avon, ante la incertidumbre en el mercado.

A medida que los meses pasaron, esas acciones se revalorizaron. Es el caso, por ejemplo, de las obligaciones para 2022 de Freeporte, que pasaron de 40 céntimos el 28 de enero a 70 a principios de marzo. Básicamente, lo que Malafronte hizo fue comprar barato y vender caro, a veces apenas un día después de adquirir las acciones, otras veces aguantándolos durante semanas, a medida que el mercado mejoraba. Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y, a finales de junio, Malafronte había obtenido ya unos beneficios de 100 millones de dólares.

Malafronte juega en una zona gris que desaparece a medida que los bancos son sometidos a más controles
Ni Malafronte ha respondido a las llamadas de 'Business Insider' ni Goldman Sachs ha querido aportar más información, más allá de recordar la voluntad de “mantenernos centrados en cubrir las necesidades de nuestros clientes”. Aunque las grandes ganancias o pérdidas suelen propiciar la revisión de la Reserva Federal, tampoco se sabe si en este caso ha sido así. Lo que está claro es que, a pesar de las restricciones planteadas por los organismos reguladores, Malafronte ha conseguido llenar sus bolsillos (y los de GS) con un golpe de suerte… o una estrategia eficaz.

 

Una explicación alternativa

El 'WSJ' ha intentado explicar la historia de Malafronte como “un retorno a una era previa en Wall Street, en la que los grandes bancos estaban deseando dar un paso adelante y los 'traders' tomaban mayores riesgos”. Sin embargo, no todos están de acuerdo con dicha visión. 'Business Insider' propone una versión alternativa: “Un escrutinio más cercano a las circunstancias de este pacto muestra que Malafronte probablemente opera en una zona gris que está reduciéndose rápidamente a medida que los bancos cambian la manera en que hacen negocios”.

En ese sentido, la historia del joven 'trader' no sería un retorno a la regla, sino una excepción. El vestigio de una realidad que ya creíamos extinta. La explicación que aporta el medio americano es la siguiente: cuando Malafronte compró, los bonos basura estaban hundiéndose, por lo que las ventas masivas fueron comunes, y estos fueron a parar a manos de grandes bancos como Goldman Sachs. En algunos casos, la jugada salió mal, como ocurrió al equipo de 'distressed debt', que perdió 50 millones en 2015. En otros, como en este, salió bien.
Además, la manera en que los bancos se comportan ha cambiado sensiblemente por las restricciones, como indicaba un informe de Barclays: la mayor parte de acciones no se pueden guardar para venderlas más tarde, en un momento más propicio, sino que los bancos ponen en contacto comprador y vendedor para funcionar como intermediarios entre ellos. Por ejemplo, la cantidad de acciones que se compravenden en menos de quince minutos ha aumentado del 16 al 23% entre 2010 y 2015. Sin embargo, Malafronte es una excepción, ya que aguantaba sus valores en un plazo superior a los cinco días. Una clase de trato que en ese período ha descendido del 47 al 36%.

Nadie es capaz de distinguir entre trabajar para el mercado y hacerlo para uno mismo
Sea como sea, aún siguen existiendo apuestas de alto riesgo capaces de proporcionar beneficios sustanciosos, a pesar de las regulaciones que han intentado evitar que algo así ocurriese. Como explica a 'WSJ' el profesor de la Escuela de Derecho de Harvard Hal Scott, es casi imposible trazar una línea entre los pactos cerrados para beneficiar al cliente y los que simplemente se cierran para ganar dinero. “Nadie es capaz de distinguir entre trabajar para el mercado y hacerlo para uno mismo”, señala. Aún quedan zonas grises donde cualquier cosa puede ocurrir, y se encuentran en nuestra dimensión.

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