lunes, abril 24, 2017

Una historia fascinante de la muerte en la hoguera del mártir de la Fe John Hus




"Señor Jesucristo, te imploro, perdona a mis enemigos por tu gran misericordia".



Los siete arrogantes obispos despojaron a Hus de su oficio sacerdotal. Se le ordenó que subiera a una plataforma.
Y se vistiera con las vestiduras sacerdotales, como si estuviera dando una misa.

Entonces un obispo altanero tomó la copa de las manos de Hus y pronunció una maldición contra él. Hus respondió en voz alta: "Mas yo confío en el

Señor, el Dios todo poderoso [...], que no quitará de mí la copa de su salvación. Tengo la firme esperanza de que hoy beberé de ella en su reino". Le quitaron sus vestimentas y pronunciaron otra maldición sobre cada una de ellas. A cada maldición, Hus respondió que sufriría solo por amor a Cristo. Cortaron su cabello en cuatro secciones diferentes, privándolo de todo derecho ministerial.

Finalmente colocaron una corona de papel sobre su cabeza, en la que había pintados tres diablos rojos peleando

Por SU alma y que decía: "Esto es un hereje". Retrocedieron, extendieron sus manos hacia él, y entregaron el alma de Hus al diablo. Hus respondió que él se entregaba a Jesucristo. Entonces fue entregado a los soldados. "Estoy gozosamente dispuesto a morir" Una triste procesión acompañó a Hus hasta la pradera donde sería quemado; casi toda la ciudad lo seguía.

 Al pasar por el cementerio de la iglesia donde sus libros eran quemados, sonrió. Al llegar a la pradera cayó nuevamente de rodillas, para orar. Le quitaron todas sus ropas, excepto una fina camisa y luego lo ataron a un poste con una soga y una vieja cadena oxidada.

Colocaron  atados de leña mezclad con paja hasta la altura de su barbilla. Antes que se encendiera el fuego, una vez más se acercaron a Hus y le pidieron que se retractara. Mientras la multitud quedaba en el más absoluto silencio, Hus levantó su voz y, en alemán, dijo:

"Dios es mi testigo de que [...]  la principal intención de mi predicación y todos mis demás actos o escritos fue solamente para apartar a los hombres del pecado. Y por esa verdad del Evangelio que escribí, enseñé y prediqué según los dichos Y  exposiciones de los santos doctores, estoy gozosamente dispuesto a morir hoy".

Murmullos y sordas exclamaciones se escucharon entre la multitud. Entonces, todo quedó en silencio. Los verdugos recibieron la orden de encender el fuego. Mientras las llamas comenzaban a crecer, se escuchó la voz de Hus cantando a gran voz: "¡Cristo, tú, Hijo del Dios viviente, ten misericordia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario