Parece mentira, pero es cierto. Las
personas con ingresos anuales por encima de los 70,000 dólares en
Estados Unidos roban más en las tiendas que las que ganan menos de
20,000 al año.
Desde que el American Journal of Psychology, en 2008, publicó el estudio Prevalencia y correlaciones de hurto en los Estados Unidos, las evidencias siguen apuntado hacia ese segmento socioeconómico como el que más incurre en este tipo de delito.
Según un estudio de 2018 de la Federación Nacional de Minoristas de Estados Unidos, solo
por fraudes de devolución de artículos, las tiendas minoristas
perdieron 18,400 millones de dólares, una cifra más que asombrosa.
Lo
curioso de los robos y fraudes de devolución está en las personas que
lo cometen. Buena parte son acomodadas y con suficiente seguridad
económica para no tener que llevarse nada sin pagar de un comercio minorista.
Las estadísticas del primer estudio citado, refieren que los de mayores ingresos roban un 30% más que los que ganan menos.
Pero, ¿por qué roba una persona que puede gastar millones, como el caso del millonario Andrew Francis Lippi III,
quien pudo pagar ocho millones de dólares por una isla en los Cayos de
Florida, unos días antes de ser detenido por robarse dos cafeteras en
una tienda, valoradas en unos 400 dólares?
¿Por
qué ciudadanos como Francis Lippi III ignoran todas la buenas
costumbres y hasta su poder adquisitivo y roban cualquier bisutería?
De acuerdo con Terrence Shulman,
fundador del Centro Shulman para el robo compulsivo, el gasto y el
acaparamiento, “robar es solo la primera capa de la cebolla. Debajo de
eso están todas las pérdidas no resueltas, traumas, abusos y recuerdos
reprimidos".
Shulman considera que estas cicatrices psíquicas no siempre están arraigadas en el pasado. Eventos
trágicos como un divorcio reciente, una bancarrota o la muerte en la
familia podrían desencadenar un episodio de robo en una tienda. “Estas personas se automedican. El robo se convierte en su droga preferida”, asegura.
También el psicólogo Stanton E Samenow, autor de The Myth of the Out of Character Crime,
considera que las personas adineradas roban porque piensan que “para
qué comprar si lo puedo robar”. Asegura además que suelen despreciar
todos los datos exculpatorios.
Samenow asegura que igual
roban por la emoción, para burlar las normas establecidas. Por el
simple disfrute de evadir las medidas de seguridad de las tiendas. Sienten
un inmenso placer cuando revisan los pasillos para llevarse cualquier
objeto, burlar la vigilancia y escapar sin ser detenidos. “Es todo acerca de la emoción y la construcción de la autoestima”.
Jon
Grant, profesor de la Universidad de Chicago, afirma que el robo de
tiendas a menudo puede provocar una sensación de euforia. "Veo el robo
como una adicción", abunda.
“Las
personas que trato realmente odian el hecho de que roban. Disfrutan de
la emoción pero luego casi instantáneamente se castigan por el
comportamiento. Tienen mucha culpa y frecuentemente piensan e intentan
suicidarse debido a su comportamiento”, señaló.
No obstante, también
hay teorías que explican que las personas de bajos ingresos tienen
menos probabilidades de engañar y robar porque están más involucradas en
sus comunidades y temen ser humilladas públicamente.
Sin embargo, las personas acomodadas albergan sentimientos de derecho e interés propio, lo que desestabiliza su brújula moral. Se
puede decir que los pobres temen más a las figuras de autoridad, y a
los ricos les puede importar un comino y se creen con todos los
derechos, incluso el de no pagar una cuenta.
No hay comentarios: