domingo, octubre 16, 2016

Luis VI y el curioso edicto porcino [Anécdota]

Luis VI y el curioso edicto porcino [Anécdota]
"Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que fluye leche y miel." Deuteronomio 26:15

Una de las cosas más terribles que le puede ocurrir a un ser humano es la pérdida de un hijo, convirtiéndose en uno de los mayores dolores y angustias que alguien puede vivir. Y así es como lo sintió el rey Luis VI de Francia cuando, el 13 de octubre de 1131, un fortuito accidente hizo que Felipe,  su hijo primogénito, falleciese a la edad de 15 años.

La causa de tal terrible accidente se debió a la culpa de un cerdo que se cruzó en su camino mientras el joven delfín heredero al trono cabalgaba con su caballo encabezando un grupo de jinetes, provocando una fatal caída que tuvo como consecuencia la muerte del muchacho.

Según consta en las crónicas de la época, el padre pasó los siguientes cuatro días llorando amargamente, siendo el 17 de octubre cuando se celebró el funeral de Estado en memoria del príncipe fallecido.


A pesar de que el reino tenía otros graves problemas, la primera medida que tomó Luis VI, tras el fallecimiento de su hijo, fue dictar un edicto por el que prohibía la libre circulación de cerdos por las calles de París (algo muy habitual en la Edad Media), salvo una sola excepción: la de los puercos pertenecientes a la abadía de Saint-Antoine, ya que estaban considerados como siervos de designación divina.

"Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre." 2 Samuel 7:19

-"y puesto en pie, bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo en voz alta: Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado. Esté con nosotros Jehová nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje. Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos y sus estatutos y sus decretos, los cuales mandó a nuestros padres. Y estas mis palabras con que he orado delante de Jehová, estén cerca de Jehová nuestro Dios de día y de noche, para que él proteja la causa de su siervo y de su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo; a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro. Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy." 1 Reyes 8:55-61

-"Bendígate Jehová desde Sion,
    Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida" Salmos 128:5

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