miércoles, octubre 19, 2016

Los esfuerzos de Arabia Saudita por dejar de depender del petróleo

En un país donde hasta la producción de leche depende del petróleo, los bajos precios de este y la guerra en Yemen han forzado a revisar los programas sociales y a diversificar el gasto público y la planificación económica.

AL KHARJ, Arabia Saudita — Para gestionar una inmensa planta de producción de leche en medio del desierto hacen falta 180.000 vacas de la raza Holstein, establos perfectamente refrigerados con la última tecnología, bombas que extraen el agua del subsuelo y comida importada desde Argentina. Para transportar el producto por toda la península arábiga, 9000 vehículos.

Nadie más que el hijo favorito del rey Salmán, el príncipe Mohamed bin Salmán, segundo en la línea de sucesión, podría ser la persona tras el proyecto Almarai, una de las apuestas del reino para disminuir su dependencia del petróleo. Pero incluso sin una conexión aparente con el petróleo, empresas como Almarai dependen de la energía barata que les proporciona el gobierno.
Ahora a esa situación le queda poco tiempo. Los precios del petróleo, bajos, y el coste de la guerra en 
Yemen están abriendo un hueco en el presupuesto del Estado y han creado una crisis que ha obligado a recortar gasto público, reducciones salariales y derechos para los trabajadores públicos junto a un incremento de tasas y multas. Los grandes subsidios al petróleo, agua y electricidad que favorecen que se consuma más de lo necesario están disminuyendo. Para Almarai, una de las marcas más importantes de Medio Oriente, eso significará 133 millones de dólares menos en gasto público este año.
La fábrica de leche Almarai en Al Kharj, Arabia Saudita Credit Sergey Ponomarev para The New York Times
El plan de reforma económica de Mohamed ha hecho temblar a una nación cuyos ciudadanos han disfrutado durante muchos años de un estilo de vida fastuoso subvencionado por el Estado. “El gobierno avanza rápidamente en la reforma del sistema en Arabia Saudita mientras la gente siente un deterioro”, dijo la empresaria Lama Alsulaiman, integrante de la Cámara de Comercio e Industria de Jidda. “La vida y los negocios como eran antes no pueden seguir”.
Los cambios en el contrato social existente hasta ahora implican riesgos para el príncipe, que ha apostado su reputación a la transformación de la economía.
“La gente está a la espera de ver si él puede hacerlo”, dijo Ibrahim Alnahas, profesor de Ciencia Política en la Universidad Rey Saud en la capital, Riad. “Si lo logra, será rey, si no, estará perdido”.
Un grupo de jóvenes juega fútbol frente a una refinería de petróleo en Yeda, Arabia Saudita. Credit Sergey Ponomarev para The New York Times
El inmenso mar de petróleo que hay bajo tierra se ha regado por casi cada esquina de la economía saudita. El crudo hace mucho más que verter millones de dólares de beneficios a la empresa Aramco, la compañía estatal de petróleo, y Sabic, el gigante químico. También llega a los sectores de uso energético intensivo como producción de cemento y aluminio.

El déficit presupuestario fue de casi 100 millones de dólares el año pasado. Las reservas en divisas del país cayeron en casi una cuarta parte debido a la caída de los precios del petróleo que comenzó en 2014. El gobierno ha pedido créditos a bancos extranjeros y ha salido a buscar financiación en el mercado internacional de bonos del Estado.
Una familia en el Centro de Nieve de un nuevo centro comercial en Arabia Saudita Credit Sergey Ponomarev para The New York Times
Los fondos de inversiones creen que el banco central saudita tendrá que reflexionar sobre el valor de su moneda, el riyal. Zach Schreiber, máximo responsable de Pointstate Capital, que ganó mil millones de dólares apostando a que caerían los precios del petróleo, dijo al conjunto de inversores que la moneda estaba sobrevaluada de manera muy importante y que el país tiene “entre dos y tres años antes de toparse contra un muro”.

El gobierno ha limitado de manera abrupta los proyectos de obra pública y ha obligado a despedir trabajadores. Este año, trabajadores extranjeros han prendido fuego a autobuses pidiendo que se les pagaran salarios atrasados. El incremento súbito en la factura del agua llevó a una protesta de tal magnitud en redes sociales que el ministro de Electricidad y Agua fue despedido después de pedir a los consumidores que excavaran sus propios pozos si no estaban contentos con los precios.
La ciudad de Yeda, Arabia Saudita. El plan de reforma económica del príncipe Mohamed ha hecho temblar a una nación cuyos ciudadanos han disfrutado durante muchos años de un estilo de vida fastuoso subvencionado por el Estado. Credit Sergey Ponomarev para The New York Times
“Si eres saudita, creces con la expectativa de un bienestar financiero que se ha esfumado”, dijo Adel Ahamaizia, vicepresidente del Oxford Gulf and Arabian Peninsula Studies Forum. “Es probable que la situación se ponga más complicada para el gobierno en lo que respecta a la gestión de la frustración por parte de la gente”.

El príncipe Mohamed organizó una reunión con líderes empresariales, funcionarios e incluso atletas y artistas en el Ritz-Carlton de Riad a finales del año pasado para discutir los objetivos económicos que estaba tratando de diseñar con su equipo. Consultores de todo el país, tableta en mano, se dieron cita allí para tratar de dilucidar cómo los sauditas y el gobierno lidiarían con los recortes de subsidios sin generar protestas.

Después de décadas de gobiernos de reyes octogenarios, algunos jóvenes sauditas han dicho en entrevistas que sienten la energía del nuevo príncipe, de su propia generación.
“Los subsidios deberían haber terminado hace mucho tiempo, las cosas todavía son muy baratas”, dijo Salman M. Al Suhaibaney, emprendedor, sujetando una bebida para demostrarlo. “Esta botella de agua es más cara que la misma cantidad de gasolina”.
La vaquería Almarai tiene un sistema que regula la temperatura a la que están las vacas. Credit Sergey Ponomarev para The New York Times
Al Suhaibaney creó una aplicación para camiones llamada Morni, una especie de Uber para ayuda en carretera. Su empresa está ubicada en una incubadora de ideas financiada por el gobierno en un edificio de oficinas en Riad. Con 20 empleados — sauditas jóvenes—, Morni es un modelo de negocio para el gobierno y para el príncipe, experto en tecnología. Cree que eso enganchará a la fuerza de trabajo.

Pero hay más fondos públicos que invertir para terminar con el agujero en el presupuesto. El gobierno ha hecho públicos planes para triplicar los ingresos no derivados del petróleo para 2020, incluyendo medidas como incrementar las tasas de visados, multas para el tráfico y un impuesto sobre las bebidas azucaradas.

También han aprovechado cualquier oportunidad para disminuir los costes. Después de rebajar el sueldo de los ministros, congelar las contrataciones y limitar los bonos y las horas extras en el sector público, el gobierno anunció a principios de octubre que los trabajadores cobrarán de acuerdo con el calendario occidental, como en Estados Unidos y Europa en vez de seguir el calendario musulmán, lo que añade un día sin cobro al mes.
“Si los salarios descienden y los subsidios disminuyen, pasará algo”, dijo Hamaizia.
Un turbina en Yeda que produce electricidad quemando petróleo Credit Sergey Ponomarev para The New York Times
Menos gasto público por parte de las empresas y consumidores cada vez más atenazados significa menos crecimiento y menos empleo. El único modo de crear empleo en este contexto es quitarse de encima a los trabajadores extranjeros y sustituirlos con locales. Esa política, la “saudización” ha tratado de lanzarse cada año desde principios de la década de los ochenta y siempre ha fracasado. El número de extranjeros ha pasado de 1 millón a 10 millones.

Ahora, el gobierno pone más presión en las empresas. Los empleados extranjeros son más baratos, pero el gobierno pone multas y se niega a renovar visas para esos trabajadores si las listas de empleados de una determinada empresa no llegan a un número mínimo de sauditas. Los objetivos del régimen para el incremento del empleo llegan a 450.000 puestos de trabajo nuevos en el sector de privado de aquí a 2020.

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