domingo, septiembre 17, 2017

¿Somos inversores o especuladores?

INVERSIÓN: La gente compra una parte de una empresa, a un precio razonable, confiando en que ésta va a tener en los próximos años unos beneficios cada vez más elevados, lo que a él, como co-propietario, le beneficiará. El beneficio para el accionista se genera por los beneficios que obtiene la empresa.

ESPECULACIÓN: La gente apuesta por que determinado activo va a subir o bajar, en ocasiones con fecha fija y/o apalancado. El beneficio para el especulador proviene de las pérdidas de otros especuladores que hayan hecho la apuesta contraria, pues es un juego de suma cero en el que lo que ganan unos lo pierden otros.

Como se ve por la simple definición, es fácil ser un buen inversor: Basta con elegir empresas que en los próximos años lo hagan relativamente bien y que no estén a precios desorbitados, para recoger los frutos al cabo de unos años.

Por el contrario, la especulación es una batalla desigual… Una especie de Intifada, en la que hordas de pequeños especuladores se pelean a pedradas contra grandes especuladores que recuerdan a ejércitos con tanques. O con armas todavía más potentes… mira la última: con bases de datos enormes, y gráficos tick a tick, un software de Reuters reacciona en milisegundos tras la publicación de una noticia, generando automáticamente órdenes de compra o venta. ¿El precio? Varios cientos de miles de dólares… en su versión básica, claro!! Es dificilísimo ser un buen especulador, porque se juega con una desventaja tremenda respecto a los profesionales. Y algunos ni siquiera lo intentan: especulan según “su instinto”!! Hay que recordar que unos pierden para que otros ganen: ¿En serio alguien tiene tan buen instinto como para batir a estos superprofesionales? QUIEN que ha montado este software, Simons, lleva desde 1988 sacando un 34% anual en su fondo… después de descontar sus elevadísimas comisiones!! ¿Quién quiere pelear contra él?

Hoy es una locura ponerse a especular, cuando se pelea contra Simons & CIA… Por eso es mucho mejor ser inversor: Un inversor “normalillo” que compre acciones al azar (o preferiblemente, descartando las peores) y las mantenga tiene bastantes posibilidades de obtener un rendimiento elevado.

Lo que pasa es que todos nos creemos que nosotros somos muy buenos, y somos del 5% que triunfa especulando, y no del 95% que palma… ¿Por qué?
  • Por orgullo y ego.
  • Porque leemos muy buenos foros/blogs/webs, y nuestros gurús favoritos nos dicen lo que hay que hacer para ganar.
  • Porque tenemos confianza.
¿Y cómo se llega a estos extremos?

El principio es la codicia (la avaricia rompe el saco). Luego, la codicia lleva a la temeridad. La temeridad lleva a la ludopatía, a operar y operar sin parar. Y la ludopatía lleva al lado oscuro de la bolsa: necesidad, desesperación y ruina.

Algunos entran a bolsa ya directamente con la idea de hacerse ricos, pero esto no es lo normal (salvo en épocas de burbujas). Lo habitual es que uno entre en bolsa con la idea de hacerse inversor, pero como no entiende, se mete en los foros a informarse. Y aquí empieza el problema: en los foros no se habla de buenas empresas con PER bajo y buenas perspectivas, sino de empresas que han subido mucho, con altísima volatilidad, y con unos beneficios (si los hay) que para nada justifican los precios que se pagan por ellas.

Una vez que la pobre oveja descarriada (el inversor novato) se ha metido en la empresa de moda, es probable que en un corto plazo registre fuertes beneficios; un 15% en un mes, por ejemplo… claro que al final no se lo saca, porque no supo vender a tiempo,. Pero muchos, en vez de acojonarse de ver lo fácil que se puede perder, piensan que ahora ya saben, y que a la próxima sabrán salirse a tiempo.

Y en ese momento, ya han dejado de ser inversores, y han pasado a ser especuladores (y además, novatos): carne de cañón. Claro, pillan cuatro años buenos de bolsa seguidos, y les va bien (o muy bien). Pero luego llegan las vacas flacas, y en vez de usar stop-loss, como especuladores que son, promedian a la baja como si fueran inversores. El desastre está servido: Has entrado en el lado oscuro de la bolsa!!

¿Y cómo evitarlo?
  1. No elegir valores que están de moda.
  2. Buscar valores con un negocio sólido, con buenas perspectivas en los próximos años, y que no estén demasiado caros. Que tengan buenos ratios de PER, dividendo, etc, sin que eso sea debido a que la empresa tiene problemas o a que son cíclicos que empeorarán en el futuro.
  3. No dedicarse a comprar y vender. El tratar de salir para entrar más abajo da mal resultado, y también es malo vender para hacer caja tras una subida relativamente modesta. Hay que comprar y olvidarse, evitando el “market timing”.
  4. No hacer caso de los gurús y blogueros
  5. Jamás hacer caso de tu instinto para comprar o vender. Debe ser la razón, y no el instinto, quien guíe las operaciones, y la razón tarda en operar y no tiene prisa, al revés que el instinto, que se le ocurre y quiere comprar o vender ya.
Y para terminar, un recadito para los de las búsquedas en Google de “herramientas de inversión con apalancamiento” o “inversión warrants”: Espero que a estas alturas, os haya quedado claro que “inversión” no puede ir en la misma frase que “apalancamiento” o “warrants”. Apalancamiento y warrants no son inversión, sino especulación; son las armas con las que se especula contra el software de Simons y Reuters… vosotros mismos.

Actualización: Esto no es una crítica a los warrants, ni a los derivados; esto es un consejo de invertir y no especular. Pero es tan especulador quien compra un chicharro que ha subido un 50% en un mes (o Jazztel, aunque no haya subido) como quien compra warrants. De hecho, cualquier compra de acciones con el objetivo de “a ver si suben ahora y las vendo” es especulación, para ser inversión el objetivo debe ser “a ver si la empresa incrementa sus beneficios y el sector mejora sus perspectivas”.

El mercado bursátil está regido por el Azar

El Nobel de Economía 2012 fue otorgado a dos estadounidenses que aplican un sofisticado arsenal matemático a la vida económica práctica. Alvin Roth, de 59 años de edad y Lloyd Shapley de 89 estudiaron cómo funciona un sistema de cooperación racional y previsible entre los agentes económicos de la sociedad. Para ello formularon modelos estadísticos y de combinaciones de variables, pero fundamentalmente, buscan abolir el azar en las decisiones que tomen las personas, pero como el azar esta dentro de lo impredecible hasta ahora es solo una utopía. Quieren dominar la contingencia de los mercados bursátiles y perfeccionar la asignación de utilidades.

Los economistas están formados en la teoría de los juegos, la lógica y en estadísticas. Los tipos de juegos de los grupos humanos hoy son la “vedete” de las investigaciones. Trabajan en el tema no solo economistas, matemáticos, sociólogos, politólogos, biólogos o psicólogos. La teoría de los juegos se aplica al derecho, a la asignación de responsabilidades, adopción de decisiones en litigios o conciliación. Uno de los grandes sueños del hombre actual es abolir la incertidumbre de la época, el azar que, a veces, la potencia. Los poetas y los filósofos fueron los primeros en elucidar qué hacer con el azar y la contingencia. Y anticipándose a cualquier racionalización economicista de la casualidad, abandonaron la esperanza de torcer el brazo de lo inesperado. Los Nobeles Roth y Shapley, en sentido contrario, tratan de conocer a fondo el cómo lograr conocer anticipadamente las conductas cooperativas en distintos segmentos económicos: mercado bursátil y reparto de las utilidades.

La teoría de los juegos hoy ganó prestigio en los sectores que toman decisiones institucionales y financieras. Sus técnicas de análisis dan confianza, articulan la ciencia del cálculo. Su pionero fue el matemático John von Neumann. A comienzos de la década de 1940 trabajó con el economista Oskar Morgenstern en las aplicaciones económicas de esa teoría. De esa corriente matemática y de los modelos duros salieron los ilustres galardonados. Han conocido con fruición el libro que publicó en 1944 von Neumannan: “La teoría del juego y la conducta económica”. Y los trabajos de Morgenstern los hicieron avanzar hasta exprimir todo lo que tiene el modelo por el que recibieron el Nobel. Roth aportó a la teoría de las asignaciones estables y a la práctica del diseño de mercado. Y su compañero de premio, Shapely, primero matématico en Harvard antes de ser economista en otras universidades norteamericanas, formuló la asignación racional de pagos en juegos cooperativos (con transferencia de utilidades).

Accionistas, inversores en alianzas estratégicas y otros actores de la vida económica, lo toman de referencia. Con la teoría de los juegos Shapley fue creativo. Dejó su apellido en la disciplina, el llamado “Valor de Shapley”, marcador por el cual se determinan las probabilidades de que ocurra un suceso en acuerdo con los jugadores de la alianza. El reparto de las utilidades tendrá un efecto tendenciado que las técnicas de las probabilidades lo podrán calcular. Para Shapley los comportamientos del mercado y de las empresas son sometidos a las leyes de la sincronía matemática de las variables y, sobre todo, la conducta humana (el desvelo del filósofo Descartes). El “Valor Shapley” muestra que si los jugadores pueden comunicarse entre sí y negociar un acuerdo antes de los pagos, la problemática que surge es diferente. A la hora de asignar dinero, Shapley sabe que una propuesta de coalición y de reparto de los pagos que garantice estabilidad a los individuos no rompe el acuerdo cooperativo de distribución.

Su colega Roth trabaja en paralelo. Usa el juego cooperativo en la asignación de médicos residentes en hospitales de los EEUU., en colegios públicos de Boston, en el mercado bursátil y laboral. En 1994 el Nobel lo ganó Jhon Nash (inspiró la celebrada película “Una mente brillante”) al tomar la teoría de los juegos pero para las conductas no cooperativas de los actores de un mercado. La economía le teme al azar, a lo que es contingente y se aferra así solo a lo calculable. El poeta francés Mallarmé escribió el mazazo “Un golpe de dados nunca abolirá el azar” y Borges jugó a la incompletud para reflexionar: “Lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad o impredecible. Esa compleja maquinaria incluiría en sí todo lo que el orden normal excluiría: lo falaz, el crimen, lo infinito”. Roth y Shapley nunca necesitaron citarlo, sus pertinencias económicas son cooperaciones finitas en un mercado que pretende desconocer el enigmático azar

jueves, septiembre 07, 2017

EL PEQUEÑO LIBRO QUE BATE AL MERCADO


"Más vale hacerse rico despacio que pobre rápidamente”.  


EL PEQUEÑO LIBRO QUE BATE AL MERCADO : DESCUBRA LA FORMULA MAS RENTABLE PARA INVERTIR EN BOLSA

Todo llega para quien sabe esperar. Nunca te des por vencido, las grandes cosas llevan tiempo.


Magnifico libro, y facil de entender.Debemos de entender que es una formula que funciona y seguira funcionando porque se basa en ratios value como buscar los Per mas bajos de las empresas, la ROA mas alta y empresas de mayor capitalizacion osea ratios de inversion en valor. Pero como cualquier inversion value solo funciona para inversiones de largo plazo entre 3 a 5 años. No os desanimeis si veis que el primer año no funciona. La rentabilidad media en los ultimos 15 años de esta formula es del 30 por ciento, muy superior al mercado. Un saludo Bestinver una de las mejores gestoras de  inversión en valor de Europa hace referencia  a este libro en su libro sobre los 12 principios value página 41. Dicen: 
" En su libro  The little book that beats the Market, Joel Greenblatt demuestra que entre 1988 y 2004, la cartera compuesta por las 30 acciones con mayor retorno sobre el capital empleado ( ROA más altal) y menor PER, hubiera ofrecido una rentabilidad anual del 30,8% frente a un 12,3% del índice formado por la 3500 compañías objeto de estudio."



La fórmula mágica para hacerse rico

joel greenblatt

Si le dijera que, con una fórmula mágica contenida en un texto de poco más de cien páginas, usted podría convertir un
dólar en 51 en el plazo de 15 años, probablemente me tomaría por loco. Pues precisamente eso es lo que promete Joel Greenblatt, uno de los inversores más exitosos del mundo, en El pequeño libro que bate al mercado.


Es cierto que las obras que explican cómo convertirse en multimillonario abundan en las estanterías de las librerías, y que todas afirman la suya es la única estrategia que funciona. El simple sentido común nos sugiere que hacerse rico no debe de ser tan fácil y que, por tanto,todos esos libros sólo venden humo.

Pues bien, déjeme decirle que el de Greenblatt es una excepción. Por una simple razón: su fórmula sí tiene sentido. Y no por su elegancia formal, sino porque está basada en sólidos fundamentos inversores. El pequeño libro... es una de las mejores obras de divulgación de la teoría del value investing, la estrategia inversora de Benjamin Graham que permitió a Warren Buffet convertirse en el segundo hombre más rico del mundo.

Básicamente, Greenblatt comienza por explicarnos que una acción es una porción de un negocio empresarial que adquiere un inversor; en otras palabras, quien compra una acción está comprando una participación en un conjunto de activos y en los beneficios futuros que dichos activos generen. En los mercados, el precio de las acciones debería depender de las ganancias que esperan los inversores generen anualmente los negocios que les interesan. Por ejemplo, si yo tengo una empresa que gana 10.000 dólares al año y le vendo un 10%, usted tendrá derecho a recibir 1.000 dólares anuales. La cuestión es, ¿cuánto estaría dispuesto a pagar por recibir esos 1.000?

Si le ofreciera el 10% de mi empresa por un dólar, seguramente aceptaría; pero si se lo ofreciera por un millón, seguramente me diría que no. La acción debería cotizar a un precio intermedio, por ejemplo a 15.000 dólares, en función del tiempo que estén dispuestos a esperar los inversores para recuperar su inversión.

Sin embargo, las ganancias futuras de una empresa son inciertas. Podemos saber cuánto ganó en el pasado, pero no lo que ganará en el futuro. De ahí que cada inversor tenga sus particulares expectativas y esté dispuesto a ofrecer un determinado precio por una misma acción. Si usted espera que mi empresa pase de ganar 10.000 a 1.000.000 dólares en un año, probablemente esté dispuesto a pagar más de 15.000 dólares por el 10% de la misma.

Debido a estas expectativas divergentes, surgen especuladores profesionales que se dedican no a tratar de anticipar cuáles serán los beneficios de una empresa, sino cuáles serán las expectativas de los inversores. Si alguien se da cuenta de que usted está dispuesto a pagar 200.000 dólares por el 10% de mi negocio, tratará de comprar mi 10% antes que usted para, posteriormente, revendérselo. Al mismo tiempo, aparecen otros especuladores que tratan de conocer cuáles son las expectativas de esos otros especuladores sobre el precio futuro de las acciones. Y así sucesivamente.

Ésta es la razón por la que las acciones oscilan tanto en el corto plazo. Sin embargo, a largo plazo el precio de las mismas viene determinado indefectiblemente por sus fundamentos, esto es, por su capacidad para generar beneficios.

Una manera de hacerse rico en la bolsa consiste en sacar provecho de esa discrepancia. Si las cotizaciones diarias (basadas en una pura especulación sobre las expectativas ajenas) reducen notablemente el precio de una acción que, de acuerdo con sus fundamentos, tenderá a crecer mucho a largo plazo, usted podrá comprar negocios muy buenos (con una gran capacidad para generar beneficios) a precios muy bajos.

El problema, de nuevo, es que resulta complicado predecir los beneficios. Existen técnicas para tratar de calcularlos con cierta exactitud, pero para manejarla hay que leer mucha literatura económica, no siempre inteligible para el profano, dedicar innumerables horas al análisis de las empresas en que se tiene pensado invertir. Ahora bien, si no se cree capacitado o no tiene tiempo para leer e investigar, puede recurrir a un método que automatiza al máximo la selección de acciones; o sea, a la fórmula mágica de Greenblatt.

Recordemos: para hacernos ricos tenemos que buscar acciones de buenas empresas a precios de ganga. Como no sabemos o no tenemos tiempo para predecir los beneficios, Greenblatt propone tomar como estimación los cosechados el año anterior. Es cierto que se trata de un método de brocha gorda con muchos problemas, pero sus defectos pueden mitigarse mediante la inversión en bastantes empresas, ya que los errores a la baja (sobrevaloración de los beneficios) tenderán a compensarse con los errores al alza(infravaloración de los beneficios).

Sin embargo, con esto aún no hemos resuelto el problema de la selección de acciones. Que una empresa gane mucho dinero no significa que sea una buena empresa (ya que puede necesitar emplear también mucho dinero para gastarlo), y además también tenemos que encontrar una medida que nos diga si la acción es cara o barata.

Greenblatt propone dos ratios: la de beneficios/activos (o ROA), que sirve para saber si una empresa es eficiente, y la de beneficios por acción/precio de la acción (o 1/PER), que nos indica si estamos ante un precio alto o bajo.

La ROA viene a expresar cuál es la eficiencia del capital empleado en una inversión. Imagine que compro una tienda por 10.000 dólares y logro unos beneficios anuales de 5.000. El ROA de mi empresa sería del 50%, lo que significa que en dos años recuperaría la inversión inicial. No sólo eso: si tengo un proyecto que funciona, en dos años podré volver a comprar otra tienda por10.000dólares, con lo que mis beneficios crecerán hasta 100.000 al año. Cuanto mayor es el ROA de un negocio, mayor es la eficiencia con que emplea su capital.

La 1/PER nos muestra la rentabilidad que obtenemos con los beneficios en función del precio que estamos pagando. Si, de nuevo, mi empresa logra unos beneficios de 10.000 dólares y tiene 10 acciones, el beneficio por acción es de 1.000 dólares. Si cada acción tiene un precio de 5.000, la rentabilidad de mi inversión es del 20% (1.000/5.000), bastante más que lo que nos ofrece un depósito a un año en el banco. Lo que nos interesa es que esta ratio sea lo más alta posible, porque así rentabilizaremos antes nuestro desembolso inicial.

Pues bien, la fórmula mágica de Greenblatt opera del siguiente modo. Cogemos todas las empresas que cotizan en bolsa y las ordenamos primero de mayor a menor ROA, asignando el número 1 a la que tenga el ROA más alto, el 2 a la siguiente, etc; luego hacemos otra lista, las clasificamos en función de su 1/PER y les asignamos sus números correspondientes; por último, procedemos a sumar: a una empresa que obtuviera un 20 en ROA y un 5 en 1/PER le asignaríamos, ahora, un 25. La clave está en invertir en las 30 empresas con mayor puntuación en el agregado: compraremos empresas muy buenas (alto ROA) a precios muy baratos (1/PER), y la gran cantidad de empresas reducirá las posibilidades de error a la hora de hacer cálculos sobre beneficios.

Si cree que este método es muy costoso y tedioso, piense en lo que ocurriría si tuviera que analizar cada uno de los balances, cuentas de pérdidas y ganancias, flujos libres de caja y fundamentos de negocio de cada una de las empresas que cotizan en bolsa. Pero bueno, si eso no le consuela, siempre puede acudir a Magic Formula Investing, donde ya le han clasificado las empresas según esos dos criterios.

Durante los últimos quince años, la fórmula ha logrado una rentabilidad media anual de más del 30%, 18 puntos superior a la del mercado (12%). Dicho de otro modo: en 20 años puede convertir cada  dólar invertido en 190 (fórmula mágica) o en 9 (mercado). Usted, sin saber casi nada de finanzas, puede batir a numerosos inversores y especuladores profesionales.

Pero si todo es tan sencillo, ¿por qué no sigue todo el mundo la fórmula de marras? Por dos motivos: comprensión y paciencia. Si quiere aplicar este método, debe tener claro que las ganancias se cosechan a largo plazo: no espere rendimientos espectaculares al cabo de uno o dos meses. De hecho, pese a que el fondo de inversión de Greenblatt ha logrado durante los últimos 20 años una rentabilidad media del 50% anual (una de las mayores del mundo), en 2007 está perdio dinero. Pero no se preocupe, lo recuperará con creces en los próximos ejercicios.

Esto nos lleva al segundo punto: es vital que entienda por qué la formula funciona... y seguirá funcionando. Esto no es un truco de magia, sino pura lógica económica. Si no lo entiende, es muy posible que se desanime si pierde dinero durante uno o dos años, o si obtiene una rentabilidad inferior a la media del mercado. Durante los últimos 15 años, la fórmula ha ganado menos que la media en uno de cada cuatro años; pero lo relevante es que en cualquier período de tres años ha ganado el doble que el mercado.

Por lo tanto, invierta a largo plazo y comprenda bien la fórmula. Si no ha quedado convencido –y si sí también–, le recomiendo que se compre el libro y que lo lea varias veces antes de ponerse a invertir. Repito: es vital que comprenda los fundamentos económicos que hay detrás de la fórmula. Una vez lo consiga, ahorre, invierta... y hágase rico.