jueves, noviembre 17, 2016

El poker y la bolsa: Unas reflexiones para inversores

Unas reflexiones para inversores

El método de inversión del idolatrado Warren Buffet, de comprar “un buen valor” y olvidarse, no es posible para un individuo normal ya que sólo un multimillonario de su edad puede permitirse algo así, el resto debe asumir un coste máximo de pérdidas. Pensar que siempre acertaremos no es realista. Hay que ser humildes con las ganancias –la suerte siempre es un factor- y asumir las pérdidas con resignación, sin echar las culpas a otro que no sea uno mismo. Mi punto de vista siempre es el de limitar las pérdidas ¿Por qué? Por la experiencia: hemos visto incluso compañías líderes como Yahoo, Nokia o Kodak hundirse –literalmente- en bolsa. Asumir una cantidad (o un porcentaje) máximo de pérdidas limita las pérdidas y permite volver a disponer de ese efectivo para buscar nuevas opciones.

La idea de que algo según baja de precio más barato es puede ser cierta en el supermercado pero no en la bolsa. Un valor no es barato porque su precio sea inferior al de ayer, lo es si mañana está más caro. Las acciones de Apple comenzaron 2012 cotizando a 405$, en 2 años habían doblado su precio y sin embargo estaban baratas porque 3 meses después se podían vender por encima de 600$; por el contrario, Santander  empezó ese año cotizando a 6 euros, habiendo perdido un 50% de su valor los dos años anteriores y sin embargo estaban caras porque 3 meses después valían menos de 5€. Sé que es muy difícil asimilarlo porque estamos acostumbrados en nuestra vida cotidiana a pensar que algo que está más barato que ayer es mejor para comprar que algo que está más caro pero es que no debemos confundir lo que compramos para consumir que lo que compramos para vender.

En una calle hay dos bares vacíos de similares características y llega un potencial cliente que se decide por uno de ellos sin ninguna razón especial, simplemente porque no puede entrar en los dos a la vez. Al llegar un segundo cliente ve que en uno de los bares hay una persona y el otro está vacío, por lo que entra en el que ya hay una persona pensando que habrá elegido ese bar por algo: el precio, un mejor servicio, lo que sea. El tercer cliente sigue el mismo razonamiento y piensa que los dos primeros habrán tomado su decisión por alguna razón sólida y se fía de su criterio. Al cabo de un rato uno de los bares está lleno y el otro sigue vacío, ya que para los sucesivos clientes cada vez está más claro que no puede ser casualidad que todos los clientes estén en uno de los bares y en el otro no haya nadie. La elección al azar del primer cliente determinó las posteriores decisiones de todos los demás, que no se pararon a comparar los precios, servicios, productos, etc. de ambos bares pensando que otros ya lo habían hecho por ellos. Este ejemplo de la economía real que puede arruinar a uno y enriquecer a otro es trasladable a los mercados financieros y lo hemos visto muchas veces. Nunca hay que olvidar que los mercados no son justos y que la suerte siempre está presente aunque a la larga no sea el factor determinante.

No hay métodos milagrosos y hay que desconfiar de los que los venden. En una ocasión un famoso alquimista escribió una obra titulada “Crisopeya o arte de fabricar oro” y se la presentó al papa León X, dando por hecho que una obra que enseña a fabricar oro tiene un valor inapreciable y esperando ser recompensado generosamente por hacer entrega de esta información a la Santa Madre Iglesia. Pero el papa León X le entregó al ilustre alquimista una bolsa vacía en pago por su obra. El alquimista pidió una explicación al pontífice y este le contestó: “No te doy la bolsa llena de monedas porque, sin duda, te será fácil llenarla aplicando tus conocimientos”. Esta anécdota verídica resume lo que pienso de los que venden métodos para hacerse ricos con el mercado…si sus métodos son tan buenos, no los ofrecerían.

Otra cosa es la formación que es imprescindible: hay que aprender la teoría y la práctica (se puede hacer esto último sin dinero, con cuentas virtuales o simulando operaciones) antes de invertir cualquier cantidad de dinero real. Merecerá la pena el esfuerzo, es absurdo trabajar tanto para conseguir unos ahorros y luego arriesgarlos sin tener la suficiente preparación para ello.

La humildad es a mi juicio la cualidad más olvidada de las necesarias para invertir. Intentar ganar dinero en bolsa empieza siempre con una rentabilidad negativa (las comisiones) y supone comprar un activo del que otro se ha desprendido y confiar en que otro estará dispuesto a pagar por eso en poco tiempo más que tú. Es así de básico pero también así de osado. Y para colmo, además de todos los factores que puede desconozcamos en ese momento respecto a la inversión que hemos elegido, está el factor suerte: desde una presentación de resultados de otra compañía diferente a la que hemos comprado pero que le afecta, a una encuesta empresarial en Chicago que se hace pública e influye en el precio de nuestras acciones de una cervecera checa (por poner un ejemplo) debido a la globalización. E incluso el que nos hayan engañado en las cifras que hemos manejado a la hora de decidirnos a invertir, como les pasó a los que hace años compraron Bankia en su salida a bolsa. Hay estadísticas que dicen que a largo plazo la bolsa suele ser la mejor inversión pero también hay múltiples ejemplos de acciones que jamás han recuperado su valor (entre ellas algunas de las más importantes, no penséis sólo en Terra o Colonial, pensad por ejemplo en Nokia o Citibank).


El que inventó la metáfora de equiparar los mercados bursátiles con el casino creo estuvo desafortunado ya que pareció olvidar que en el casino -en la ruleta- se juega contra la banca y la suerte es lo principal pero en la bolsa se apuesta contra otros participantes y la suerte sólo es un factor más. Si hubiera que compararlo con un juego yo lo haría con el póker. Los otros puede tengan más dinero, algunos incluso hasta pueden tener algunas cartas marcadas, pero es la estrategia y no la suerte lo que puede llevar al beneficio. Es por eso que año tras año los mejores jugadores de póker, los que llegan a las finales del campeonato del mundo, suelen ser los mismos. ¿Cómo podría ser así si sólo fuera la suerte? Lo mismo pasa con los mejores gestores de fondos, a lo largo de una década se ve quién es el mejor… y desde luego no hay racha de fortuna que dure 10 años. A día de hoy todos sabemos que en los mercados estamos comprando o vendiendo a otros que probablemente tengan más dinero y mejor información y herramientas que nosotros y esas son las reglas que hay…si crees que hay trampa en este desajuste entre unos pocos y el resto, quizás deberías seguir el consejo de François Mauriac que dijo una vez “No siento el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampa”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario